Meningococo B

 

El año pasado, por esta época, ya hablemos en este blog sobre las posibles dudas para vacunar a los niños de Meningitis B (post sugerido). Aquí os dejo una pequeña explicación de esta enfermedad, aunque es la enfermedad infantil más temida por padres y pediatras, ya ha hecho saltar la voz de alarma.

Pero antes de convertirnos en presas del pánico, conviene conocer la enfermedad, sus causas y cómo prevenirla.

Debemos saber que el meningococo B es el que causa la mayoría de las meningitis bacterianas en España y en Europa, su frecuencia es baja. Las infecciones por Meningococo B se dan en ondas epidémicas, y es cierto que ahora estamos en unas de las tasas más bajas de los últimos 12 años. En la temporada 2012/2013 hubo 348 casos de enfermedad por meningococo, de los cuales 193 fueron por el meningococo B, la mayoría niños menores de 4 años.

¿Qué es el Meningococo B?

 La meningitis meningocócica es una infección bacteriana grave de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Éstas membranas actúan a modo de filtro, impidiendo la entrada de microorganismos perjudiciales para nuestro sistema nervioso y producen a su vez un líquido que circula entre sus capas, de modo que amortiguan los golpes y evitan que cualquier movimiento brusco que realicemos pueda dañar nuestra médula espinal o nuestro cerebro: es el llamado líquido cefalorraquídeo, que protege las estructuras del sistema nervioso central.

Cuando a las meninges y al líquido cefalorraquídeo llegan microorganismos, éstos se multiplican y se produce una inflamación: la meningitis, o daño por gérmenes de las cubiertas que rodean al cerebro y a la médula espinal.

La gravedad de la meningitis se debe al lugar donde se localiza la infección: las membranas que envuelven el cerebro y la médula espinal. La infección se extiende, por lo tanto, rápidamente por todo el sistema nervioso, provocando daños irreparables.

De estas infecciones mueren el 10 % de los niños que las padecen, y quedan con secuelas entre el 20 y el 30 %. Las secuelas pueden ser importantes: afectación del desarrollo neurológico, sordera, amputaciones... Aún con los mejores tratamientos actuales esto sigue siendo así.

Transmisión

La bacteria se transmite de persona a persona a través de gotas de las secreciones respiratorias o de la garganta. El meningococo vive durante temporadas en la nariz y la garganta de adolescentes y jóvenes sanos, sin producir daño; son los portadores asintomáticos. Aunque este germen puede infectar a personas de cualquier edad, los casos son más frecuentes en niños pequeños y adolescentes.

El periodo de incubación medio es de 4 días, pero puede oscilar entre 2 y 10 días.

 

Síntomas

La meningitis bacteriana es la forma más severa de esta enfermedad. Los síntomas se presentan de forma repentina y empeoran rápidamente.

Algunas primeras señales de aviso:

  • Malestar corporal y dolor muscular en miembros y articulaciones.
  • Temblor y frío en las manos y los pies.
  • Labios azules y piel pálida
  • Fiebre alta.

 

Los primeros síntomas en la meningitis bacteriana incluyen:

  • Malestar general
  • Fuerte dolor de cabeza incesante
  • Frecuentemente, una fiebre muy elevada
  • Náuseas y vómitos

 

A medida que va progresando la enfermedad pueden aparecer los siguientes síntomas:

  • Somnolencia
  • Confusión
  • Convulsiones o agarrotamiento
  • Rechazo a la luz (photophobia) – esto es menos frecuente en los niños
  • Rigidez en el cuello – menos frecuente en niños- el cuello se vuelve rígido y resulta difícil doblar el cuello hacia abajo.
  • Respiración acelerada, aumento del ritmo cardíaco, dificultades respiratorias, cambio de humor (confusión o delirio), orina turbia y presión arterial muy baja – este es un síntoma de septicemia y de schock.
  • Las manchas de sarpullidos rojos que no desvanecen ni cambian de color al apretarlas bajo un portaobjetos de vidrio. Este síntoma no siempre se presenta – un sarpullido es altamente sugestivo de una septicemia meningocócica. En este caso debería ser referido a un centro de salud para un tratamiento de manera urgente.
  • El signo de Kernig se refiere al dolor y a la resistencia al estirar la rodilla con la cintura doblada – esto demuestra una rigidez en la espalda que es característica de la meningitis.
  • El signo de Brudzinski designa el dolor y la resistencia a agachar la cabeza con la cadera doblada, parálisis focal, deficiencias neurológicas y pupilas anormales.

 

En niños y bebés se pueden presentar algunos síntomas diferentes:

  • Los síntomas iniciales son los la irritabilidad y el rechazo a que les cojan o al alimento.
  • Falta de sensibilidad
  • El bebé puede sentirse rígido y hacer movimientos bruscos
  • Llanto persistente, agudo, o gemidos inusuales
  • vómito y rechazo de la comida
  • Piel pálida y cubierta de manchas.
  • Fijación de la mirada
  • Somnolencia y dificultad para levantarse
  • Hinchazón de la parte superior de la cabeza llamada la fontanela.

Diagnóstico

El diagnóstico inicial de la meningitis meningocócica puede establecerse a partir de la exploración física, seguida de una punción lumbar que muestra un líquido cefalorraquídeo (LCR) purulento, que confirme el diagnóstico.

Tratamiento

La enfermedad meningocócica puede ser mortal y debe considerarse siempre como una urgencia médica. Hay que ingresar al paciente en un hospital o centro de salud, aunque no es necesario aislarlo. El tratamiento antibiótico apropiado debe comenzar lo antes posible, de preferencia después de la punción lumbar, siempre que esta se pueda practicar inmediatamente. El inicio del tratamiento antes de la punción puede dificultar el crecimiento de la bacteria en el cultivo de LCR y la confirmación del diagnóstico.

 

Prevención

 Existe vacuna, que se llama BEXSERO®, que está incluida en la cartilla de vacunas desde el mes de octubre del 2015. Tenemos que saber que es segura, que no tiene efectos adversos graves. Este segundo aspecto es importante también, porque los padres muchas veces pensáis que si es “nueva” no está lo suficientemente probada, y desconfiáis.

Hay que tener en cuenta que la vacuna contra la meningitis sólo protege frente a un tipo determinado de meningitis. No significa por lo tanto que una vez vacunados seamos inmunes a todos los tipos de meningitis posibles.

Prevención en casa

Cuando un niño ha estado en contacto con alguien que tiene meningitis o existe un caso en el entorno cercano (compañero de clase, familiar, etc.), conviene consultar con el pediatra qué medidas tomar al respecto. Él decidirá entonces el tratamiento preventivo adecuado que deberá seguir tu hijo en ese caso. Pero no está de más enseñar a los niños desde pequeños unos hábitos mínimos de higiene que ayudarán a prevenir el contagio de gérmenes y evitar de este modo infecciones. Así deberán aprender a lavarse a menudo las manos, especialmente antes de comer y después de usar el cuarto de baño, a taparse la boca al toser y estornudar, además de procurar en la medida de lo posible, que no compartan bebidas, comidas o cubiertos con otros niños.

¿Qué debemos hacer ante una meningitis?

Ante la sospecha de que nuestro hijo pueda tener meningitis, según los síntomas descritos, debemos acudir urgentemente al médico. Esto no significa que un niño que presente dolor de cabeza, vómitos y fiebre padezca meningitis. No debe cundir el pánico. En la gran mayoría de las ocasiones se tratará de enfermedades corrientes (infecciones virales, procesos gripales, …) o enfermedades menos severas (neumonía…) que pueden ser diagnosticadas por el pediatra. En cambio, si el niño presenta un deterioro del estado general (tendencia al sueño, le cuesta responder o hablar espontáneamente, …) es recomendable acudir al Servicio de Urgencias. Cuanto antes se empiece el tratamiento de la meningitis bacteriana, tanto mejores serán los resultados.

Lo que no debemos hacer

Sin consultar previamente al pediatra no debemos dar al niño antibióticos por nuestra cuenta. En el caso de que el pequeño padezca un proceso viral el antibiótico no tiene ninguna utilidad y, si el niño padece una meningitis, tampoco un antibiótico administrado por vía oral lo curará y, en cambio, puede dificultar a la hora de diagnosticar.

Recuerda que siempre hay que consultar con tu pediatra y que este texto marca unas pautasco

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