Las Rabietas

240_F_101068211_SQWH6tnWMdWKKPdT1P34tw3WFPsjvAkDHacia el año y medio, cuando el niño empieza a formarse una cierta idea de sí mismo, pone a prueba sus propios límites, que están formados (básicamente) por sus deseos y el resto del mundo, es por eso que conlleva oponerse al resto del mundo: madres, padres, hermanos, otros niños, columpios, juguetes y otros objetos de deseo. Además el niño descubre la frustración: “Yo quiero esto que tienes tú, pero tú no me das. ” La combinación de frustración, nervios, entorno y otros factores hace que, en determinados momentos, esta estalle a modo de pataleta.

¿Qué son las rabietas?

La pataleta la podemos describir como una explosión nerviosa con: abundantes movimientos (más o menos) violentos, gritos, golpes, insultos, etc. Es especialmente frecuente entre los dieciocho meses y los cinco años, se suele dar cuando el niño ha hecho una demanda que los adultos que le rodean no quieren o no pueden satisfacer. La rabieta es una conducta propia de los niños pequeños y que se da como reacción a un estado emocional de rabia o frustración.

¿Qué debemos hacer en caso de rabieta?

Los adultos tenemos la tendencia a pensar que las criaturas razonan como nosotros, pero no es así. Cuando un niño de tres años chilla y protesta porque no le hemos comprado un juguete que desea, no espera un argumento ni tampoco quiere calmarse: ya que esto es lo que queremos nosotros. Lo más probable es que ante esta conducta (los adultos) hacemos de todo: desde amenazar hasta ceder, mientras nosotros nos ponemos cada vez más tensos no conseguimos que el niño se tranquilice. Además el niño comprueba que con su rabieta, en principio espontánea,  puede tener un efecto, ya sea provocando la atención y la emoción en el adulto, y consiguiendo lo que pedía.

El niño necesita sentir que la pataleta, la mezcla explosiva de emociones, es válida, no la censuramos y que le acompañamos, mostrándole que la queremos, que respetamos su proceso, sin intervenir, pero sin abandonarlo aunque tampoco estamos conformes con su comportamiento. En un primer momento no querrá un contacto físico, pero tenemos que estar pendientes de darles un abrazo ya que le hará saber que seguimos amando, y servirá de contención.

Ante todo NO hay que prestarle atención, no mirarlo, ni escuchar, ni poner cara de enfado ni hacer gestos que el niño pueda interpretar como una alguna forma de atención, ya que esto puede hacer crecer la intensidad de la rabieta, es por eso que hay que tener mucha paciencia y perseverar. En el caso que estemos en la calle o en casa de un amigo es mejor llevarse el niño a parte y sin hacer ningún comentario, razonamiento o queja, sólo le serviría para creer que le estamos prestando atención y repita con más frecuencia su actitud.

Ante las rabietas, hay que actuar de la siguiente manera:

  •  Tenemos que intentar mirar la criatura poniéndonos a su altura sin decirle nada, esperando con paciencia que le pase.
  •  Nunca pierdas el control y utiliza un tono de voz tranquilo.
  •  Usa palabras simples, evita dar largas explicaciones.
  • Debemos evitar  que se haga daño a él mismo o lo pueda hacer a los demás.
  •  Cuando se empiece a calmar, le tenemos que decir palabras que le hagan cuenta de que le entendemos y hablaremos con él tranquilamente.
  • Cuando se le deje, le daremos un abrazo.

Si las rabietas son muy frecuentes, tenemos que elegir en qué seremos flexibles y en cuáles no lo seremos: ser del todo inflexibles nos puede llevar a una relación muy conflictiva. Pero si son demasiado habituales e intensas para la edad del niño, debemos consultar a un profesional.

Firmeza y flexibilidad, tiene que ser en el momento adecuado porque es la clave para que el problema de agresividad o timidez que puede surgir no se convierta en un trastorno de agresividad excesiva o de timidez excesiva.

Recordad que tanto las normas como los límites los ponen los padres en casa.

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