La alimentación del niño de 1 a 3 años

sf_by_AntonioLudovicoEl niño, una vez superado el primer año o época de lactante, debe incorporarse poco a poco a la dieta familiar común, siguiendo unos patrones que influirán decisivamente en sus hábitos de alimentación futuros.

A partir del año y hasta los 6-7 años. Es la etapa en que los mecanismos fisiológicos e inmunitarios van madurando hasta llegar a niveles cada vez más eficaces, y por lo tanto su dieta puede ser similar a la de los adultos. Por lo que su dieta será variada y completa. El niño debe acostumbrarse a comer de todo, ya que una dieta variada estimula su apetito, cubre sus necesidades nutritivas y conforma unos hábitos nutricionales adecuados para el futuro.

A partir de los 12 meses, es necesario incluir en la dieta del niño alimentos con una textura más gruesa para ir acostumbrando a comidas troceados. Para empezar, se ofrecerán alimentos aplastados con el tenedor y se irá cambiando hacia el troceado pequeño. Todo ello, dependiendo de cada niño y de su rapidez para aprender a masticar. El objetivo es que al llegar a los 18-24 meses, el niño coma alimentos troceados. Además, representa el inicio del período de consolidación de los hábitos alimentarios y de la adaptación a los cuatro sabores básicos.

Hacia los 18 meses al niño le gusta llamar la atención y que estén por él, por eso es muy frecuente que diga no a todo (es una fase de madurez psicológica por la que debe pasar), y es posible que a la hora de comer se niegue a tomar una determinada comida que hasta ahora quería. Esto forma parte de esta etapa negativa y no se debe hacer mucho caso ni obligarlo a comer, ya que las preferencias alimentarias pueden ir cambiando constantemente. Igualmente, a través de las comidas el niño / a puede sentir un cierto placer en manipular los adultos; por eso no se le debe seguir el juego.

Hacia los 2 años, es capaz de comer solo, pinchando trozos de alimentos y llevándolos a la boca con ayuda de los cubiertos. Puede beber agua y otros líquidos, sujetando el vaso sin ayuda. Hay que dejar que el niño coma solo y ayudarle cuando disminuya su interés durante la comida.

Los niños, hacia los veintiún un mes, son capaces de pedir comida a través del habla.

Hacia los 2-3 años, es necesario que llegue a la consolidación definitiva de unos hábitos alimentarios correctos. El niño debe ser capaz de comer de todo y de masticarlo. Se debe potenciar el sabor original de los alimentos y no disfrazar mucho los gustos con mezclas, así conocerá mejor las comidas. Casi ya no quedan alimentos para introducir, el grado de madurez digestiva del niño es equiparable a la del adulto y, por tanto, puede comer de todo.

El menú más adecuado

Los primeros platos pueden ser generalmente a base de arroz, pasta, verduras con patata o legumbres en puré. El valor nutritivo de este primer plato radica en su contribución energética, porque aportan hidratos de carbono complejos. Es importante acostumbrar a los niños a tomar para que las necesidades energéticas son las primeras que deben cubrirse si se quiere que las proteínas de los alimentos del segundo plato cumplan en el organismo la función de formar tejidos y favorecer el crecimiento. Si esto no se tiene en cuenta, el organismo utilizará las proteínas para resolver sus necesidades energéticas y se llevará a cabo una alimentación desequilibrada.

Los segundos platos deben ser sobre todo a base de carnes, derivados cárnicos, pescado o huevos. Estos alimentos son ricos en proteína, hierro y otros nutrientes y deben aparecer en cantidades moderadas (el hambre no debe satisfacerse con proteínas). Pueden ir acompañados de una guarnición de ensalada o verduras o patatas. Conviene incluir al menos 3 veces por semana pescado (blanco y azul) y huevos hasta tres veces por semana.

En cuanto a los postres, lo mejor es una pieza o una ración de fruta, que puede alternarse con productos lácteos sencillos (yogur …).

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