Dibujo Infantil

240_F_74856557_0pVx3r38lmrGBv9kXKebBIbASI1djezZA partir de los dieciocho meses, algunos antes, otros después, los niños comienzan a esbozar sus primeros trazos. Es su primera expresión gráfica, una forma de expresión de sus habilidades artísticas que toma forma de garabato, una etapa fundamental en el desarrollo del dibujo infantil.

Aunque a los mayores puedan parecernos simples “rayajos”, para ellos son grandes obras de arte. Al comienzo son trazos incontrolados, impulsivos, inconexos, que los niños realizan moviendo todo el brazo, desde el hombro y que constituyen la primera de las  etapas en el desarrollo artístico-plástico de los niños.
De momento, es una mera descarga motora, una etapa de familiarización en la que la elección de los materiales y los colores no tiene aún una importancia significativa. Con el desarrollo del niño y una mayor comprensión del mundo que le rodea, los garabatos irán tomando poco a poco forma y contenido.

Este período del dibujo infantil en el que el niño hace sus primeros garabatos se divide en tres fases: los garabatos descontrolados, los garabatos controlados y los garabatos con nombre. Veremos cuáles son las características de cada uno.

Los garabatos descontrolados

La primera etapa del garabateo está marcada por los garabatos descontrolados o desordenados. Son trazos sin ningún orden ni sentido. Varían en longitud y en dirección, incluso mientras los realiza el niño puede mirar hacia otro lado. No hay una coordinación cerebro-ojo-mano.

 

El pequeño sujeta el lápiz como mejor le viene; con toda la mano, desde la punta, con dos dedos, e incluso a veces del revés, pero generalmente ejerciendo mucha presión sobre el papel. Todavía no tiene control un control visual sobre su mano y realiza los trazos moviendo el brazo desde el hombro, y a veces moviendo todo su cuerpo. Poco a poco aprenderá a hacer el movimiento desde el codo y luego desde la muñeca y los dedos. Es frecuente que se salga del papel.
El niño no tiene intención de representar en el papel (o en el soporte que sea) nada que haya visto. El garabato en esta fase no tiene una función representativa sino que está basada en el desarrollo físico y psicológico. Hacen trazos incontrolados simplemente porque les produce placer. Les resulta agradable hacer garabatos porque disfrutan del movimiento que realizan al hacerlos.

En la etapa de garabateo descontrolado hay que proporcionarle al niño los materiales adecuados (ceras, folios, lápices de colores, etc.) porque lo mismo que dibuja en un folio puede hacerlo en un mueble, en una pared o sobre una mesa.

 

 Los garabatos controlados

 

A medida que va realizando trazos, el dibujo se va perfeccionando. Lo que antes eran rayas desordenadas hechas sin ningún control, empiezan a tomar forma. El niño descubre que hay cierta relación entre los movimientos que realiza y los trazos que quedan plasmados en el papel, comienza la relación de lo quinestésico (capacidad de usar todo el cuerpo para expresar ideas y sentimientos) con los pensamientos. Descubre el control visual sobre los trazos que ejecuta, por tanto son ahora garabatos controlados.

 

En esta etapa los trazos suelen ser más largos, y aunque aún toman una dirección impredecible, los realizan con entusiasmo y se esmeran por llenar toda la hoja. Aparecen reiteraciones de trazos circulares, líneas cortadas, puntos, etc. con centros de intersección.
Al placer de realizar movimientos que le resultan agradables se suma ahora la satisfacción de que empieza a dirigir su mano. En esta etapa de garabatos controlados, que abarca hasta aproximadamente los tres años de edad, se inicia la verdadera integración visual y motriz, la cual se completa al llegar a las primeras etapas de la adolescencia.
A diferencia de la etapa anterior, ahora sí hay una intensión representativa. Intenta reproducir un pensamiento o algo que ha visto, aunque un adulto no puede reconocer lo que ha representado. A veces anuncia lo que va a dibujar y otras cambia de idea sobre la marcha.

 Los garabatos con nombre

Ya cuenta con un mayor dominio motor y es capaz de representar lo que ve, aunque a veces sus trazos no se parezcan en nada al objeto que quiere representar. Los trazos circulares y longitudinales evolucionan hacia formas más reconocibles. El niño da nombre a sus garabatos.

 

Asume que los garabatos son una forma de expresión y que a través de sus dibujos genera una reacción en los adultos. Por tanto, es importante animarle, sin cuestionar o intentar corregir su dibujo.
Tiende a centrar el dibujo ocupando distintas partes de la hoja y empieza a elegir los colores con intención.
El niño se concentra en representar las formas, le dedica mayor tiempo a ellas, aunque suelen combinar formas reconocibles con otras incomprensibles.
Al acabar las fases del garabato, alrededor de los tres años, comienza la etapa del dibujo preesquemático que tiene lugar entre los 4 y los 7 años de edad, en la que parecen representaciones comprensibles por el adulto. Generalmente, lo primero que logran dibujar es una figura humana con forma de “renacuajo” (un círculo para la cabeza y dos líneas verticales para las piernas).
Explicando las tres fases del garabato hemos hecho un interesante viaje por la primeras etapas del dibujo infantil. Los garabatos son la primera expresión gráfica del ser humano, por tanto, debemos estimular a nuestro hijos, animarles y facilitarles que se expresen a sus anchas.

Etapa esquemática, la obtención de un concepto de forma (de siete a nueve años)

El niño extrae conceptos de los objetos o seres reales y es capaz de representarlos de forma reconocible. La figura de un hombre, trazada por un niño alrededor de los siete años de edad, debe ser un símbolo fácilmente reconocible. El principal descubrimiento de esta etapa es la existencia de un orden en las relaciones espaciales y la combinación de líneas geométricas para formar un todo diferente.

Este primer conocimiento consciente de que el niño es parte de su ambiente se expresa por un símbolo que se llama línea de base.

Etapa del comienzo del realismo (de nueve a doce años)

En esta edad se observa un creciente desarrollo de la independencia social respecto de los adultos. Un niño de esta edad va tomando progresivamente conciencia de su mundo real. En sus dibujos las líneas geométricas ya no bastan.
Ahora el niño desarrolla una mayor conciencia visual y ya no emplea el recurso de la exageración, omisiones u otras desviaciones para expresarse. Aunque tampoco intentan el naturalismo, y generalmente no aparecen intentos de representar luz y sombra, efectos atmosféricos, reflejos en el color o pliegues en la ropa… que llegarán más adelante.

 Beneficios del dibujo en los niños

El dibujo es una actividad espontánea y, como tal, hay que respetarla y considerarla como la gran obra de los niños. Si el niño tiene ganas de dibujar, anímale siempre a que lo haga. Lo ideal es que todos los niños pudiesen tener, desde la más temprana edad, algún contacto con el lápiz y el papel para aprender a dibujar. Empezarán con garabatos, y luego seguirán dibujando formas más reconocibles. Cuanto más dibujen los niños, mejor dibujarán, y más beneficios notarán en su desarrollo. El dibujo facilita y hace evolucionar el niño en:


1. Psicomotricidadfina
2. Escritura y la lectura
3. Confianza en sí mismo
4. Expresividad de emociones, sentimientos y sensaciones
5. Comunicación con los demás y consigo mismo
6. Creatividad
7. Formación de su personalidad
8. Madurez psicológica

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