Cómo elegir el calzado del niño

 

A la hora de elegir el calzado para nuestro hijo debemos tener mucho cuidado, ya que el pie es sumamente frágil, con sus zapatos para que sus pies crezcan bien y que favorezca un andar correcto. No hay que olvidar que el pie está en constante crecimiento, aproximadamente ente 7 o 8 milímetros cada tres meses y que no termina su total desarrollo hasta la adolescencia.

Debemos tener en cuenta cuando vamos a comprar los zapatos:

Revisar periódicamente el tamaño del zapato. En estas edades el pie crece rápido y puede cambiar de numeración sólo en tres meses.

El interior del zapato se debe limpiar a diario y comprobar que no tenga tierra ni piedrecillas.

No es bueno aprovechar los zapatos de otro niño. El zapato se amolda a cada pie en particular.

Los calcetines pueden estropear el “buenhacer” de un calzado correcto. Es por eso deben también cumplir criterios de comodidad y transpirabilidad.

Los zapatos deben ser cómodos desde el primer momento, se debe probar siempre los dos pies y con el niño de pie.

Es mejor comprarlos por la tarde. Hay una diferencia del 4% del volumen del pie respecto de la mañana.

No hay que comprar nunca un zapato de un número mayor con la idea que de que le valdrá durante más tiempo. Si se le sale o se desliza el talón, hay que probarle otra talla.

En las diferentes etapas de nuestros hijos el calzado tendrá diferentes características para que se adapte a su crecimiento.

Podemos dividir estas etapas en:

0-18 meses

 

El pie del bebé

En una primera etapa, el bebé utiliza su pie como un órgano táctil que le sirve para explorar su entorno por lo que no es conveniente forzarle a andar. Durante los primeros once meses lo más natural es que vaya descalzo o con un tipo de zapatos que no oprima el pie, le facilite esta función táctil, y que, además, le proteja del frío, la humedad y las lesiones.

Calzado correcto: calcetín o patuco con puntera redondeada y espacio suficiente para que los dedos se muevan con facilidad, lo que evitará rozaduras y deformaciones. En el caso de utilizar zapatos, estos deben ser sin suela, o en el caso que hubiera suela deberá ser una plantilla sin dibujos, muy suave y fina (de 2 o 3 mm). Los materiales deben ser suaves y flexibles.

 Cuando el niño empiece a gatear, las punteras deberán ser reforzadas para proteger el pie de los golpes y evitar que se produzcan daños en uñas y dedos. La parte trasera debe ser alta, hecha de piel y sin contrafuertes. La mejor atadura son los cordones sobre una fina lengüeta que evitará problemas en la piel del empeine. No es nada recomendable el uso de hebillas en esta etapa porque podrían causar erosiones en el dorso del pie.

18-36 meses

 

De los primeros pasos al andar seguro

Es la etapa de crecimiento más rápido de los pies. En esta segunda etapa los niños ya andan, pero les cuesta mantener el equilibrio y sufren frecuentes caídas. El pie cambia y evoluciona; el tobillo rota hacia fuera. Los dedos comienzan a ejercer una gran actividad para mantener el equilibrio del cuerpo.

Para un desarrollo del pie óptimo, el niño debería andar descalzo sobre diferentes tipos de suelos como arena, grava, prado, tierra, ya que estas superficies generan estímulos y tienen efectos tonificantes. Andar sobre el suelo liso y plano de casa no procura sensaciones ni estímulos e incluso puede producir en el pie ciertas insuficiencias.

Calzado correcto: Se recomienda zapatos con horma ancha con espacio para mover los dedos con libertad. Las suelas ya no van a ser tan blandas porque el pie del niño tiene una gran cantidad de tejido adiposo; sí deberán ser ligeras y flexibles, de 3 mm para facilitar la percepción táctil de los dedos del pie. Las punteras deberán llevar refuerzos para proteger los dedos de posibles traumatismos. Los zapatos no habrán de llevar contrafuertes rígidos y se recomienda la lengüeta de piel suave como base de un abrochamiento alto sobre el empeine.  Se utilizará calzado con caña alta y flexible con el borde superior acolchado. No se incluyen elementos «ortopédicos» en las plantillas porque la bóveda plantar no termina de formarse hasta los 4 años. El interior del calzado no llevará costuras ni bordes.

De 3 años en adelante

Caminar, correr, saltar: Durante esta etapa se produce la consolidación de casi todo el esqueleto. El niño ya tiene adquirido el equilibrio y la bipedestación. Debemos recordad que los niños van madurando su manera de caminar hasta los 7 años. A partir de entonces, sus parámetros, serán parecidos a los de un adulto. Las siguientes etapas son la carrera y el salto, por lo que requiere zapatos con otras características. Las suelas cobran importancia, aunque los sistemas de amortiguación deberán incorporarse con cuidado porque el pie de los niños todavía tiene gran cantidad de tejido adiposo.

Calzado correcto: Utilizar calzado de forma ancha y que se adapte a la forma del pie, sin angulaciones pronunciadas que puedan derivar en malformaciones. Las suelas, de 5 a 10 mm de espesor, deberán tener ciertas propiedades de amortiguación. El calzado debe ser flexible y ligero, exceptuando el contrafuerte de la zona del talón, que deberá proteger el tobillo y el tendón de Aquiles. Se puede empezar a poner zapatos de caña baja. La caña alta deberá ser blanda y elástica, con el borde superior acolchado. Las punteras incorporarán un refuerzo ligeramente rígido para proteger los dedos. Es aconsejable el abrochamiento alto sobre el empeine con velcro o cordones, sobre una lengüeta suave para una mejor distribución de la presión sobre el empeine.

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