Cómo Contar Cuentos

240_F_71657824_8m0dOUL5KQmkjDYnSwvFB2LpejvT59i4Cogemos el cuento. Lo abrimos. Primera página. “Erase una vez…..”. Segunda página. Seguimos leyendo. Un poco más deprisa porque ya es tarde y queremos acabar pronto. “Ya está. Se ha acabado”. Cerramos el cuento y nos disponemos a dar un beso de “buenas noches” a nuestro hijo. Con un mohín en su cara nos dice: “Así no se cuenta”. “¿Cómo que así no se cuenta?”. Pues no. Francamente, deberíamos esmerarnos un poco. ¿Y si envolvemos la narración con algunos recursos expresivos? ¿Por qué no nos sumergimos en la historia y dejamos fascinado a nuestro hijo con las aventuras que le contemos? ¿Sabemos hacerlo?

Contar un cuento a nuestro hijo es como poner en funcionamiento cientos de piezas de un precioso mecanismo. Somos incapaces de explicar cómo o por qué funciona pero nos maravilla su precisión y compás. Del mismo modo, la conexión que se establece entre un adulto que cuenta un cuento y un niño que lo escucha tiene algo de mágica, pero es difícil explicar cuál es el misterio de esa unión que se establece entre ambos.

Muchos de nosotros somos narradores en potencia y, sin embargo, nos limitamos a leer una y otra vez aquellos cuentos de los que va haciendo acopio nuestro hijo, con un entusiasmo e interés que va decayendo por las dos partes.

Posiblemente esto ocurre porque nos faltan recursos, principalmente expresivos. Porque intuimos que hay algo que va más allá del relato, pero no sabemos qué es ni cómo presentárselo a ese niño que nos mira con la cabeza ladeada, agrandando los ojos y dibujando una inmensa sonrisa, dispuesto a convertirse en héroe, aventurero o mago y esperando que seamos nosotros los que le mostremos cómo hacerlo.

En ese caso, aquí van algunos recursos que, cuando menos, mantendrán viva la ilusión y la atención de vuestro hijo. Para que la próxima vez que os pida “¿me cuentas un cuento?”, sintáis que se acerca ese momento maravilloso que estabais esperando.

 Conocer o Aprenderse el Cuento

Antes de que nuestro hijo nos pida que le expliquemos aquel cuento de nuestra infancia que casi no recordamos, o el que le compramos hace unas semanas y que aún no hemos leído, procuremos ponernos al día y repasarlos. Es necesario transmitir un profundo conocimiento del cuento y no interrumpir la narración porque tenemos que releer el texto o detenerla porque no recordamos el final. Debemos tomarnos seriamente el cuento, por muy absurdo que parezca o por muchas repeticiones que haya y, si no nos gusta o no nos parece adecuado, intentar sustituirlo por otro. Dediquemos algunos momentos a leer alguna antología de cuentos tradicionales o leyendas (nunca es tarde para refrescar la memoria!) y nuestro hijo agradecerá la variedad y riqueza de cuentos que le podamos contar.

Primera Regla del Cuentacuentos

¡Paciencia! Primero aprenderemos a leer correctamente. Cuando la prueba esté superada, le daremos un poco más de movimiento, a esto se le llamará narrar un cuento. Pero eso, vendrá más tarde…

 Utilizar un Lenguaje Adecuado

El tipo de lenguaje empleado al contar un cuento está relacionado con la edad que tiene nuestro hijo, sin embargo, en general, se recomienda que sea un lenguaje caracterizado por la simplicidad y la claridad. Eso servirá para favorecer la comprensión de la historia y evitar el cansancio o incluso el aburrimiento por parte del niño.

Las palabras a los niños de corta edad, es preferible contarles cuentos con un lenguaje adaptado, sustituyendo las palabras que creamos oportunas por otras más sencillas o por explicaciones, siempre y cuando no se trate de las palabras clave del cuento. Por ejemplo, si en un cuento aparece “un portón” lo sustituiremos por “una puerta muy grande”; “abalanzarse sobre” por “echarse encima de”; sin embargo, “la rueca” del cuento de La Bella Durmiente debería ser “la rueca” y no “un pincho”, “una máquina para el hilo” o algo por el estilo.

Tampoco debemos desaprovechar la ocasión de ampliar su conocimiento del léxico y es más fácil aprender nuevas palabras que están asociadas a algo concreto y que el niño oirá en reiteradas ocasiones, que aprenderlas de forma aislada (¿cuántas palabras no hemos “aprendido” asociadas a personajes de ficción? ¿qué nos sugiere no sólo “rueca” sino “calabaza”, “gnomo”, “pócima” o “hermanastra”?). Esto último es válido sobre todo a medida que el niño va haciéndose mayor y debe ir ampliando su vocabulario.

La pausa y la entonación Podemos utilizar la pausa y la entonación para mantener el interés y la atención de nuestro hijo. Cuando nos paramos al final de una frase o entre dos palabras, estamos indicando que lo que diremos a continuación tiene un valor o significado especiales. De igual modo, un cambio de entonación indica que aparece un elemento sorpresa que afectará al desarrollo de la historia. Por ejemplo: “la princesa abrió la puerta y entonces… vio a una -RANA! en su habitación”. O que se ofrece la solución al conflicto que se le ha planteado al protagonista de la historia. Por ejemplo: “…y después de lo que le había pasado… NUNCA MÁS VOLVIÓ A PROBAR LA SOPA”.

Las descripciones Las descripciones poco detalladas permiten que el niño deje volar su imaginación. Cuando contamos un cuento, es suficiente con hacer referencia a los rasgos más destacados de los elementos significativos que intervienen en la historia. Nuestro hijo puede completar el resto con su imaginación y nuestra ayuda si es preciso.

Por ejemplo es suficiente decir que la bruja es fea (y no hace falta indicar que su espalda está encorvada, que tiene una nariz aguileña, que lleva una capa negra hasta los pies, etc.), o que el castillo es muy grande (y no que tiene un torreón, un puente levadizo y trescientas ventanas). Si nuestro hijo está lo suficientemente interesado en el cuento y no se imagina aquello a lo que hacemos referencia y nos pide más información, debemos proporcionársela. Por ejemplo: – ¿Cómo era la bruja?; – Era una bruja muy vieja y muy fea, que llevaba un sombrero negro acabado en punta; vivía en el bosque en una casa de madera y tenía un gato muy malo.

 Y Ahora… ¡Vamos a Leer un Cuento!

  1. Hay que leer el cuento cuantas veces sea necesario. Primero en voz baja, subrayando y buscando en el diccionario las palabras que no conozcamos. Después en voz alta, VOOOCAAALIIIZAAANDOOO, y leyendo muchas veces las palabras que más nos cuesten decir (no vale saltárselas).
  2. Es muy importante leer despacio, tranquilamente, respirando profundamente, dando un toque misterioso al cuento.
  3. Como conocemos ya a los personajes, vamos a ponerles una voz especial a cada uno: ¿qué voz tendría Caperucita? ¿y su abuelita? ¿y el lobo…? Eso es darle expresividad a la voz.

 

Sigue estos pequeños consejitos sin saltarte ningún paso y el éxito está garantizado.

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